C.P. Cibeles

Vicente Riol Alonso "Chente"

Homenaje a Chente, amigo del hockey asturiano y del entorno cibelista.

Chente

En los años 70 nos conocimos, fuimos amigos y rivales. Amigos lo fuimos siempre; rivales solo los primeros años, en los que él defendía los colores del Santo Domingo, yo los del Pilar, y desde benjamines a juveniles nos jugábamos el Campeonato de Asturias entre nosotros. Después mantuvimos la amistad para siempre.

Adiós AMIGO, hasta siempre.

Juanchi

Recuerdo para nuestro amigo Chente

Palabras de Armando

Querido Chente:

Los Amigos del Cibeles precisábamos estar presentes hoy en este sencillo homenaje para consolidarte nuestro cariño. Por eso nos hemos reunido con tantos amigos para recordarte en este lugar tan cerca de tu barrio, donde transcurrieron muchos años de tu existencia.

Una existencia bastante atormentada en los últimos tiempos a causa de una traidora e irreversible enfermedad, que te hizo padecer mucho sufrimiento y fue la causante de separarte de tantos amigos que dejaste aquí.

Qué mejor forma de expresarte nuestro afecto entrañable que hacerlo sobre los patines y enarbolando el stick dentro de una pista, tal como tú lo hiciste en tus años juveniles.

Estarás en el recuerdo de todos nosotros. Siempre perdurará en nuestra mente tu eterna sonrisa, que era como la antesala de la buena persona que llevabas dentro.

Quien está leyendo este folio tenía siempre referencias tuyas por conducto de tu padre, el amigo Vicente Riol, también ya desaparecido, que tantas jornadas compartió conmigo como vicepresidente del histórico Club Patín Cibeles. Porque tú lo eras todo para él: su hijo predilecto, el ojito derecho, su ser querido; por ello siempre se desvivía pensando en su Chente del alma.

No nos veíamos mucho últimamente, pero cuando nos encontrábamos me regalabas tu cariñoso y afectuoso saludo, sin olvidarte nunca de darme recuerdos en nombre de tu querida madre Selita, que tuvo la entereza de acompañarnos en este acto en compañía de tu hija y hermanas, y que llevó el calvario de tu enfermedad con la mayor resignación.

Querido Chente, hoy estamos aquí solamente un pequeño grupo de amigos, en representación de toda una legión de personas que de verdad te querían, tanto por tu forma de ser como por tu bondad.

Chente: no te olvidaremos, ni los que estamos hoy aquí ni todos los que componemos este mundillo del patinaje.

¡¡Hasta siempre, Chente!!

Vicente Riol Alonso

Palabras del Padre Valdés

El pasado 8 de agosto nos llegaba la triste y dolorosa noticia del fallecimiento de Chente. Aunque éramos conscientes de su grave enfermedad, no por ello dejó de sorprendernos su prematura muerte.

Vienen a mi mente las palabras de esa canción que tantas veces hemos oído en momentos como este, con esa imagen del espacio vacío que deja un amigo cuando se va.

Se nos ha ido un amigo, un padre, un hijo, un hermano, que nos ha dejado ese vacío inmenso difícil de llenar.

¿Qué decir de Chente? Los que lo hemos conocido y tratado durante muchos años, desde su niñez, podríamos decir y destacar muchos aspectos de su vida. Están, sin duda, en nuestra mente. En bien de la brevedad, quiero destacar algunos.

  • Fue una buena persona, con un genio vivo pero noble, que pronto olvidaba para retornar a la paz.
  • Fue un buen deportista, recordado por su compañerismo y su amistad con todos los componentes de su equipo.
  • Fue un amigo fiel, capaz de borrar el tiempo transcurrido cuando volvía a encontrarse con los suyos.
  • Llevó su larga enfermedad con valentía, ilusión, esfuerzo y elegancia.

Hemos perdido un amigo. Su recuerdo permanecerá vivo en nuestra mente y en nuestro corazón. En este momento estará presenciando nuestro encuentro y se sentirá satisfecho de que le recordemos en un ambiente deportivo, muy querido por él.

Entre tanto, nos deja lo que él más quería: su hija María. Esperamos, María, que recuerdes siempre su profundo orgullo por ti y que sigas cultivando esas magníficas cualidades para que tu vida sea tan feliz como él deseaba.

Una mención especial para Selita, su madre, que siempre vivió esa preocupación materna por sus hijos, y especialmente en los últimos tiempos por Chente, que en sus dolencias era quien más la necesitaba. Ese corazón herido por la pérdida de un hijo queremos que recupere su entereza y valor. Es duro, muy duro, perder un hijo. ¡Ojalá podamos aliviarla un poco!

Homenaje en la pista

Palabras de Chema Feito

Buenas tardes. Hoy nos reunimos aquí, en esta pista de hockey, para rendir un modesto homenaje a nuestro amigo y compañero Chente. Estamos todos los que de alguna manera hemos tenido relación con él y otros más jóvenes que, aunque no lo hayan conocido, se han querido sumar a este pequeño homenaje.

Vaya el agradecimiento al FM Oviedo, organizador del mismo, club que siempre tiende su mano a todo lo relacionado con el hockey; a los Amigos del Cibeles, muchos excompañeros de Chente que siempre están presentes cuando se los necesita; al C.P. La Corredoria, al Centro Asturiano, al Booling, a la Federación de Patinaje del Principado de Asturias y a todos los jugadores que están hoy con nosotros.

Hablar de Chente es muy fácil para mí y para vosotros, pero a la vez difícil, porque tenemos que hablar con el corazón y ese puede más que las palabras.

De Chente como deportista no vamos a decir nada: todos lo conocíamos. Era un jugador de una calidad exquisita, de un patín maravilloso, un deportista en todo el sentido de la palabra. Ese deporte que inició en la pista de los Dominicos puso de manifiesto su carácter.

Como compañero de colegio siempre fue algo especial, por su gran corazón. Con su carácter alegre y su alegría diaria, virtudes adquiridas en su educación en el colegio, siempre se interesaba por todos, tenía palabras de ánimo para sus amigos y se preocupaba por nosotros.

Con el tiempo, cada vez que nos encontrábamos por la calle preguntaba por sus excompañeros de curso y pasábamos largo tiempo repasando las circunstancias de aquellos viejos tiempos. La última vez que disfrutó con todos nosotros fue en la reunión anual del C.P. Santo Domingo, donde sus compañeros de equipo rememoraron viejas anécdotas hockeísticas.

En los últimos meses fue un ejemplo para todos por su lucha por la vida, su tesón y su esfuerzo para poder salir adelante.

Chente, aunque no esté presente, está con nosotros, con sus amigos, y nosotros con él, porque la vida de los que se han ido permanece en el recuerdo de los que quedamos.

Chente nos dejó parte de su vida entre nosotros: a su hija María, fiel reflejo de la alegría de su padre y de su inmenso corazón. María, tienes que estar orgullosa de haber tenido un padre querido y respetado por todos.

Cuando se nos va un amigo de corazón nos deja un gran vacío que intentamos tapar con los recuerdos que tenemos de él. Por tanto, lo recordaremos siempre. No nos despedimos de Chente; solo le decimos hasta pronto.

Hoy, en la pista celestial, estarán reunidos todos aquellos hockeystas que nos han dejado y, sin duda, estarán hablando de su hockey sobre patines entre nubes de algodón. Muchas gracias.