Querido Chente:
Los Amigos del Cibeles precisábamos estar presentes hoy en este sencillo homenaje para
consolidarte nuestro cariño. Por eso nos hemos reunido con tantos amigos para
recordarte en este lugar tan cerca de tu barrio, donde transcurrieron muchos años de tu
existencia.
Una existencia bastante atormentada en los últimos tiempos a causa de una traidora e
irreversible enfermedad, que te hizo padecer mucho sufrimiento y fue la causante de
separarte de tantos amigos que dejaste aquí.
Qué mejor forma de expresarte nuestro afecto entrañable que hacerlo sobre los patines y
enarbolando el stick dentro de una pista, tal como tú lo hiciste en tus años juveniles.
Estarás en el recuerdo de todos nosotros. Siempre perdurará en nuestra mente tu eterna
sonrisa, que era como la antesala de la buena persona que llevabas dentro.
Quien está leyendo este folio tenía siempre referencias tuyas por conducto de tu padre,
el amigo Vicente Riol, también ya desaparecido, que tantas jornadas compartió conmigo
como vicepresidente del histórico Club Patín Cibeles. Porque tú lo eras todo para él: su
hijo predilecto, el ojito derecho, su ser querido; por ello siempre se desvivía pensando
en su Chente del alma.
No nos veíamos mucho últimamente, pero cuando nos encontrábamos me regalabas tu
cariñoso y afectuoso saludo, sin olvidarte nunca de darme recuerdos en nombre de tu
querida madre Selita, que tuvo la entereza de acompañarnos en este acto en compañía de
tu hija y hermanas, y que llevó el calvario de tu enfermedad con la mayor resignación.
Querido Chente, hoy estamos aquí solamente un pequeño grupo de amigos, en
representación de toda una legión de personas que de verdad te querían, tanto por tu
forma de ser como por tu bondad.
Chente: no te olvidaremos, ni los que estamos hoy aquí ni todos los que componemos este
mundillo del patinaje.
¡¡Hasta siempre, Chente!!
El pasado 8 de agosto nos llegaba la triste y dolorosa noticia del fallecimiento de
Chente. Aunque éramos conscientes de su grave enfermedad, no por ello dejó de
sorprendernos su prematura muerte.
Vienen a mi mente las palabras de esa canción que tantas veces hemos oído en momentos
como este, con esa imagen del espacio vacío que deja un amigo cuando se va.
Se nos ha ido un amigo, un padre, un hijo, un hermano, que nos ha dejado ese vacío
inmenso difícil de llenar.
¿Qué decir de Chente? Los que lo hemos conocido y tratado durante muchos años, desde su
niñez, podríamos decir y destacar muchos aspectos de su vida. Están, sin duda, en
nuestra mente. En bien de la brevedad, quiero destacar algunos.
- Fue una buena persona, con un genio vivo pero noble, que pronto olvidaba para retornar a la paz.
- Fue un buen deportista, recordado por su compañerismo y su amistad con todos los componentes de su equipo.
- Fue un amigo fiel, capaz de borrar el tiempo transcurrido cuando volvía a encontrarse con los suyos.
- Llevó su larga enfermedad con valentía, ilusión, esfuerzo y elegancia.
Hemos perdido un amigo. Su recuerdo permanecerá vivo en nuestra mente y en nuestro
corazón. En este momento estará presenciando nuestro encuentro y se sentirá satisfecho
de que le recordemos en un ambiente deportivo, muy querido por él.
Entre tanto, nos deja lo que él más quería: su hija María. Esperamos, María, que
recuerdes siempre su profundo orgullo por ti y que sigas cultivando esas magníficas
cualidades para que tu vida sea tan feliz como él deseaba.
Una mención especial para Selita, su madre, que siempre vivió esa preocupación materna
por sus hijos, y especialmente en los últimos tiempos por Chente, que en sus dolencias
era quien más la necesitaba. Ese corazón herido por la pérdida de un hijo queremos que
recupere su entereza y valor. Es duro, muy duro, perder un hijo. ¡Ojalá podamos
aliviarla un poco!
Buenas tardes. Hoy nos reunimos aquí, en esta pista de hockey, para rendir un modesto
homenaje a nuestro amigo y compañero Chente. Estamos todos los que de alguna manera
hemos tenido relación con él y otros más jóvenes que, aunque no lo hayan conocido, se
han querido sumar a este pequeño homenaje.
Vaya el agradecimiento al FM Oviedo, organizador del mismo, club que siempre tiende su
mano a todo lo relacionado con el hockey; a los Amigos del Cibeles, muchos excompañeros
de Chente que siempre están presentes cuando se los necesita; al C.P. La Corredoria, al
Centro Asturiano, al Booling, a la Federación de Patinaje del Principado de Asturias y
a todos los jugadores que están hoy con nosotros.
Hablar de Chente es muy fácil para mí y para vosotros, pero a la vez difícil, porque
tenemos que hablar con el corazón y ese puede más que las palabras.
De Chente como deportista no vamos a decir nada: todos lo conocíamos. Era un jugador de
una calidad exquisita, de un patín maravilloso, un deportista en todo el sentido de la
palabra. Ese deporte que inició en la pista de los Dominicos puso de manifiesto su
carácter.
Como compañero de colegio siempre fue algo especial, por su gran corazón. Con su
carácter alegre y su alegría diaria, virtudes adquiridas en su educación en el colegio,
siempre se interesaba por todos, tenía palabras de ánimo para sus amigos y se preocupaba
por nosotros.
Con el tiempo, cada vez que nos encontrábamos por la calle preguntaba por sus
excompañeros de curso y pasábamos largo tiempo repasando las circunstancias de aquellos
viejos tiempos. La última vez que disfrutó con todos nosotros fue en la reunión anual
del C.P. Santo Domingo, donde sus compañeros de equipo rememoraron viejas anécdotas
hockeísticas.
En los últimos meses fue un ejemplo para todos por su lucha por la vida, su tesón y su
esfuerzo para poder salir adelante.
Chente, aunque no esté presente, está con nosotros, con sus amigos, y nosotros con él,
porque la vida de los que se han ido permanece en el recuerdo de los que quedamos.
Chente nos dejó parte de su vida entre nosotros: a su hija María, fiel reflejo de la
alegría de su padre y de su inmenso corazón. María, tienes que estar orgullosa de haber
tenido un padre querido y respetado por todos.
Cuando se nos va un amigo de corazón nos deja un gran vacío que intentamos tapar con los
recuerdos que tenemos de él. Por tanto, lo recordaremos siempre. No nos despedimos de
Chente; solo le decimos hasta pronto.
Hoy, en la pista celestial, estarán reunidos todos aquellos hockeystas que nos han
dejado y, sin duda, estarán hablando de su hockey sobre patines entre nubes de algodón.
Muchas gracias.