In memoriam
A Cristina, su esposa; a Javier y Jorge, sus hijos; a Daniela y Lucas, sus nietos; a sus hijas; a sus hermanos, Ignacio y Javier; a Luis Cueva, su amigo del alma; a sus familiares y amigos: desde nuestro club Amigos del Cibeles queremos expresaros nuestras condolencias y, a la vez, unirnos a vuestro dolor. Nuestro compañero y, por encima de todo, amigo, Gayo, ha sido sin ninguna duda una figura irrepetible para nosotros y hoy estas palabras quieren glosar lo que vuestro esposo, padre, abuelo, hermano y amigo ha supuesto para nuestro club y para nosotros como compañero.
La llegada de Gayo por segunda vez a nuestro club fue un acicate para nosotros y su sola presencia hacía que nuestra moral estuviera siempre por las nubes. De nuevo su amplia sonrisa, su temple y su dulzura en ese hablar cadencioso y agallegado nos colocaban en un lugar privilegiado para competir. Su colocación en la pista, unida a esa seguridad innata; esa elegancia propia de los elegidos al patinar; su pase al primer toque y a la mejor opción, sin riesgo para nuestro equipo, eran una señal inequívoca de que el triunfo estaba a nuestro alcance.
Ahora, amigo, estás formando parte de ese equipo cargado de figuras compuesto por Armando, nuestro presidente honorífico, en la portería; Andrés Caramés, sensacional entrenador, pero que en este equipo estará colocado en la defensa, puesto en el que tanto disfrutaba. En la media, nadie mejor que tú, Gayo; y en la delantera estarán el inolvidable Francis, que en los descansos os deleitará con su inseparable guitarra, y acompañándole se situará Pedro Valdés con su preciosa técnica y su regate insuperable. De técnico y entrenador, el inigualable Tamargo. El Tibu, cada vez que te aproximes a la línea de media pista, voceará como ninguno aquello de: “Ma-cha-caaaa”, y tú prepararás ese tiro seco, duro, colocado y potente que te caracterizaba; dispararás como en ti era habitual y el gol hará vibrar a todos los amigos que te acompañan en ese nuevo paraíso.
Gayo era una persona solidaria, siempre dispuesta a colaborar en causas justas, un hombre familiar que te hacía sentir próximo enseguida. Habiendo llegado a lo más alto en el deporte, su humildad era tan patente que parecía que eras tú el internacional. Sin pretenderlo, nos daba ejemplos en cada momento.
Cuántas veces en nuestras charlas nocturnas preparando el próximo partido nos hablabas de “tus gemelos” y, últimamente, cuánto disfrutabas de “tu nieta Daniela”. De Lucas poco tiempo has tenido para hablarnos, pero siempre lo compartías todo como si fuera del equipo.
No olvides, amigo, que antes del inicio de cada partido deberás ser tú quien entone nuestra consigna: “Rombo, cuadro, individual... este partido lo vamos a ganar”.
Estos días, desde que sucedió el fatal desenlace, hemos hablado mucho de ti y nos hemos acordado de la última Evricup, donde ejerciste con maestría de entrenador. Tu faceta de profesor, de maestro, quedó patente al revisar el Informe Robinson, cuando destacabas tus palabras: “Lo que llevamos vivido desde los doce años hasta los sesenta y tantos que tenemos...” y añadías: “Entre las personas, a veces, se produce una química que uno no sabe por qué, ni sabe por qué no, y esa química está ahí”.
Y continuabas: “el tiempo pasa y nunca se sabe, pero yo creo que va a haber Cibeles para rato”. Eso decías, amigo, y estamos seguros de que ese nuevo equipo estará impregnado del Espíritu Cibeles que tú tanto practicaste.
Entre nosotros quedarán para siempre tus palabras en el descanso del partido en Oviedo contra el Voltregà: “No nos está saliendo... no pensemos que... Es una cuestión de decir: cojones, cojones. Calma, calma”, mientras hacías castañear tus dedos como solías hacer.
Ahora seguro que estarás descubriendo nuevos ríos a donde acudir en esa moto en la que tanto disfrutabas; cotos donde reservar y donde tu caña se convertirá en habitual.
Dice un proverbio chino que “los amigos son como las estrellas, que a veces no se ven pero que están”. Sabes, compañero, amigo, que siempre estarás en nuestros corazones porque, como bien dice Lolo Paredes, “somos una familia”.
Descansa en paz, amigo, porque la paz es para los justos y tú lo fuiste.